Sin parte del pastel
17 octubre, 2011
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Aunque eventualmente uno se los encuentra, los turistas norteamericanos son en Cuba «rara avis». Claro que aquel estadounidense que uno halla en algún hotel cubano puede, por lo regular y si se anima, contar una historia rocambolesca de cómo pudo llegar hasta la isla sin permiso, burlando el cerco tendido por su propio gobierno hace casi medio siglo…
Aunque eventualmente uno se los encuentra, los turistas norteamericanos son en Cuba «rara avis». Claro que aquel estadounidense que uno halla en algún hotel cubano puede, por lo regular y si se anima, contar una historia rocambolesca de cómo pudo llegar hasta la isla sin permiso, burlando el cerco tendido por su propio gobierno hace casi medio siglo.
Porque por obra y gracia del bloqueo de Washington contra La Habana, durante los últimos 50 años los estadounidenses no pueden viajar a la Isla a hacer turismo, e incluso los viajes académicos o de intercambios profesionales, tan publicitados por la Casa Blanca a la hora de anunciarlos, tienen que ser estrictamente aprobados por el Departamento del Tesoro.
Tal política trata de cortar todas las fuentes de ingresos de divisas al país. Por eso, la industria del ocio, con un potente desempeño económico, es uno de los blancos de la hostilidad de la Casa Blanca.
Las grandes cadenas hoteleras norteamericanas, como Sheraton, Hilton, Marriot y Holiday Inn, que están entre las 10 mejores del mundo, tienen prohibido acercarse al pujante mercado cubano.
Esa es la razón por la que acá no hay presencia de inversores norteamericanos en el dinámico sector turístico, a pesar de que muchos han manifestado su interés por establecerse en Cuba, que forma parte de la región caribeña, donde tienen importante presencia y fuerte inversión.
Según cifras oficiales, se calcula que a más de mil 700 millones de dólares ascienden las pérdidas de la industria turística cubana por culpa del bloqueo.
A partir de estudios realizados por empresas estadounidenses, se estima que Cuba dejó de ingresar en el pasado año unos mil 600 millones de dólares por la prohibición que sufren los norteamericanos de venir a vacacionar al destino antillano.
Hay que tener en cuenta que hasta 1959 fuimos el mercado natural del turismo estadounidense, que se movía hacia La Habana hasta por una línea de ferry que todavía algunos abuelos recuerdan saliendo y llegado al puerto citadino.
Según la propia Asociación de Agencias de Viajes de América, en una declaración ante la Comisión de Comercio Internacional, de no existir la prohibición de viajes de ciudadanos norteamericanos a Cuba, en un corto plazo podrían visitar a la isla 1,3 millones de turistas de estancia y medio millón de pasajeros de cruceros.
Empresas turísticas estadounidenses y otras vinculadas al transporte aéreo estiman que, de eliminarse las restricciones, en unos pocos años superaría los cinco millones anuales, la cifra de visitantes a Cuba procedentes de EE.UU.
Ana María Piñón, directora de la Empresa Importadora del Transporte, afirmó que el bloqueo económico, financiero y comercial afecta el arribo de buques mercantes, cruceros y turistas a la ínsula.
Durante un encuentro con la prensa, Piñón señaló que los barcos de cualquier país que toquen puertos de la mayor de Las Antillas están imposibilitados de entrar en los de La Unión, por un período de 180 días.
Esa injusta medida priva al Estado cubano de recibir ingresos por concepto de pago de impuestos de tripulantes, pasajeros, y gastos operacionales de las propias navieras.
Tampoco se pueden realizar contratos de fuerza de trabajo calificada a tripulantes cubanos en cruceros, yates y buques mercantes.
Las principales líneas de cruceros en el mundo: CARNIVAL, ROYAL CARIBBEAN, STAR CRUISES, NCL (Norwegian Cruise Line), MSC y COSTA, poseen capitales norteamericanos y por ende también están fuera del alcance local.
Navieras de terceros territorios como BARCLAY, CGA-CGM, Hapag LLoyds, por tener buques que tocan bahías estadounidenses, tampoco pueden contratar tripulantes de la nación caribeña.
Norberto Pérez del Toro, director de operaciones comerciales y negocios de la terminal de cruceros de la capital de Cuba, expresó que de no existir el bloqueo unas mil embarcaciones procedentes de Estados Unidos tocarían rada cubana anualmente, con no menos de un millón de pasajeros a bordo.
Ese incremento representaría altos volúmenes de servicios portuarios prestados y la oportunidad de explotar a mayor capacidad las instalaciones construidas para este tipo de turismo de lujo.
Entonces, hasta tanto no cambie la extraterritorial legislación imperial, Cuba sigue sin su parte del pastel.















